Frame 1: Una propuesta para el estudio etnográfico de ecosistemas digitales.
Preámbulo:
En el año 2021, estando en 3r año de la carrera de Antropología
Social en la Universidad de Barcelona, quise hacer una primera propuesta de TFG
-Tesis de Final de Grado-. Esta quise que versara sobre una realidad que en ese
momento me era muy vibrante: los inicios de jóvenes artistas en medios
digitales, para promover su trabajo, buscar colaboraciones... etc. etc.: pues
justamente, saber qué hacen estos jóvenes en Instagram en relación a su
trabajo era lo más importante.
Así como haría años más tarde en Tarragona, decidí lanzarme
a un estudio exploratorio. En esos años, la distancia con los materiales
existentes era menor: pasados los años, me apena ver que es un campo que aún no
ha experimentado los impulsos necesarios, pese a la existencia de un interés inconmensurable.
Sin lugar a dudas, como ya argumenté en la copiosa memoria:
la falta de entrenamiento en herramientas y entornos digitales es el factor
clave de este "atraso de la ciencia hispana - 3 siglos más tarde…-.
Esta memoria pretende ser una primera "puesta al día"
para los estudiantes, curiosos y gentes raras que puedan encontrarse con este
blog. Igualmente, cabe advertir que de este trabajo se desprendieron más
materiales:
- Una conferencia que puede consultarse aquí:
- Un power point visual y sintético que puede consultarse
en Academia:
Se agradecerán los comentarios ajustados a la realidad
del trabajo, asi como la financiación de investigaciones en mayor profundidad.
Particularmente, estoy interesado en seguir estudiando medios digitales para el
estudio de realidades laborales, médicas, económicas y más.
En sucesivas actualizaciones se pondrá a disposición el material gráfico. Cuando todas se hayan introducido esta frase será eliminada.
Primera parte:
A
Tema
En un sentido
muy amplio, lo que tenía claro era que quería tarar la cuestión de la digitalización
de vida social. Como estas interacciones se traducían mediante los nuevos
medios, y cuáles eran las diferencias que había con respecto a la vida analógica.
Si bien este
era en principio el tema, al final ha terminado reorientándose sutilmente: como
los jóvenes emplean los nuevos medios para promover su trabajo.
El tema, como
hemos advertido, ha ido variando. Este es un campo bastante infecundo en
España. No el del empleo de nuevos medios, sino el sentido genérico de la
antropología digital. Es una cuestión que se ha tratado desde la sociología, la
pedagogía, la estética y otros ámbitos. Sin embargo desde la antropología aún
se hace caro de ver. Esto, evidentemente si hablamos de obras que no se pierdan
en divagaciones, entre las cuales evolución alguna entre una de 2004 o una de 2013,
o en casos tan concretos que pierdan
prácticamente valor (por ej. Soler-Adillon y Ardevol, 2020).
Cuando aborde
el tema quería que fuera amplio por dos motivos:
-
Por la propia ansia de coger
un tema y tratarlo en profundidad aun sin saber muy bien de lo que se estaba
hablando y la amplitud con la cual se podía llegar a abordar.
-
Por el propio desconocimiento
de con qué me iba a encontrar.
Ambos factores
se han ido conjugando a lo largo del trabajo, y ello es importante de
reconocer, porque, mientras que ahora nos centraremos más en el segundo punto, para
abordar el marco teórico, como mínimo en su inicio, es fundamental el primer
aspecto.
Ha sido el propio
trabajo el que ha ido indicando cuáles eran los mejores enfoques, y por ende ha
ido describiendo el tema que íbamos a tratar. En la actualidad, el tema que
ahora, y no antes, sabemos que he estado trabajando, es el de la introducción
en los mercados laborales. Si bien este tema merece la pena tratarlo más adelante,
es importante la observación.
El tema que me
interesaba en un principio era el de alejarme de la idea de cultura. No por las
críticas que se habían ejercido en si desde la antropología, sino por las que
se emplean en ámbitos que van mas haya. La antropología tenía la “humildad” de advertir
que había infinitas definiciones de Cultura, y que en el fondo estaba un poco “al
gusto del consumidor” la criba de las mismas. Sin embargo me llamó la atención
que Gemma Orobidg nos contara que su director de tesis (uno de esos importantes
antropólogos franceses de finales del siglo pasado) le obligara a escribir su
tesis sin empelar el concepto de “cultura”. Lo que tenía muy claro es que el
tema no era la “cultura juvenil en X” circunstancia o la “ciberculutre” como
han tratado, por otro lado excelentemente, muchas monografías. Estaba buscando
un concepto que se alejara de la abstracción apriorística de “sustantivas” la
cultura[1]
(Bueno, 2016). Y buscando una búsqueda más materialista me interesaba buscar
una interacción, una forma de operar y, para enmarcar los procesos de la vida
algo similar a las “formas de vida”[2].
Así me interesaban los “modos de vida”. Expresión esta que si bien empleaba inconscientemente,
he descubierto posteriormente que ni mucho
menos era ajena a la disciplina (Rossi y O’Higgins, 1981,13).
Buscaba
comprender como la tecnología había alterado esas modulaciones en la vida.
Ahora, por otros trabajos que han ido más allá de esta experiencia, sé que en
la “modulación de la vida” no se encuentra la esencia de la antropología. No obstante
esta misma idea, o su función en mi recorrido académico, siguen marcando mi
proyecto de futuro para continuar este trabajo.
Este abordaje
tan amplio también fue importante al momento de tarar el siguiente tema, el objeto
de estudio.
Objeto de estudio[3]
El objeto ha
ido evolucionando desde el primer planteamiento.
El objeto era
Instagram. Como un app implica todo un mundo cerrado (que no cerrado en sí
mismo) de interacciones posibles. Lo que me interesaba era como este objeto
alteraba todas las relaciones previas.
No obstante
desde un primer abordaje uno se da cuenta de que no nos encontramos ante un
objeto per se. Sino que dentro de Instagram
había multitud de objetos a estudiar. La propia aplicación se presentaba en sí
misma como una plataforma que disponía de múltiples formatos de publicación y diversos
modos de interacción. A su vez eso da lugar a multitud de actitudes diversas,
tanto al momento de entrar en la red social (si bien nuestra muestra no se luce
diversa) como de desarrollarse en esta (de lo cual sí que da muestra nuestra
muestra). Por no hablar que el hardware a través del cual se podía acceder
tenia múltiples formas (móvil, PC, tableta…) y la selección de una u otra, a su
vez, contenía múltiples posibles motivos (salud, social, personal, etc.).
Es por ello
que concluimos que no hay objeto: hay un campo de trabajo. Esto ha sido resultado
directo del trabajo en los primeros meses ante la observación de cómo se
desborda, ante las intervenciones y usos tan diversos, aquello que queríamos se
contuviera en un elemento concreto, y que sin embargo iba más allá de la propia
plataforma (la multimodalidad que advertía Castells (2009)). No obstante, es
obligatorio reconocer que en esto toma mucha fuerza el híperealismo de G.
Bueno, quien ya advertía de la necesidad e supera la dicotomía objeto/sujeto en
pro del campo (ϕ, 88). También en
esto es importante reconocer que ha habido otros autores, como Bruno Latour
(Castro, 2020; Madrid, 2020), que han trabajado en esta línea. Aunque esto
último es más importante de desarrollar en el apartado teórico.
Mi objeto de
entrada al campo era una red social como Instagram, y lo sujetos con los que
iba trabajar eran jóvenes artistas que empezaban a introducirse en el sector
laboral.
Preguntas de investigación
La pregunta en
un inicio era sobre la continuidad discontinuidad entre loa analógica y lo
digital. La pregunta final es, cómo usan estos jóvenes las redes sociales para
introducirse en el que aspiran sea su espacio laboral.
La pregunta
quería ser en principio más un conclusión que un cuestionamiento con el cual
entrar al campo de trabajo. Si bien la pregunta es perfectamente contestable
mediante une estudio de las publicaciones que se han ido realizando en las últimas
décadas, no era apropiada para interrogar a los sujetos. En especial porque
hubiera requerido un tipo de observación mucho más minuciosa, y a al cual no
renuncio de cara a un proyecto futuro, peor sencillamente resultaba imposible
de mantener durante el curso universitario. Algunas de estas metodologías hubieran
implicado la observación directa del uso de sus dispositivos de acceso a la red
social o la observación de su entorno, lo que se llama una antropología
fenomenológica (por ej. Pink y Mackley, 2012).
Esta pregunta
es, ante todo, la que nos podemos formular ante lo que nuestros informantes y
nuestros medios de investigación han revelado. También su vez implica una criba
de estos sujetos y de estos medios al mostrarse inoperante en la escala de mis observaciones
(por ejemplo los influencer quedan totalmente fuera del alcance de mi
investigación).
La pregunta,
no obstante, se mantiene amplia. En especial porque los informantes no muestran
los sesgos sociales necesarios como para poder discernir en ellos actitudes que
puedan venir marcadas por cuestiones del estilo género, raza, u otros. No
obstante, la cuestión de la clase sí que resalta, pero deslocalizada de otras cuestiones
y más bien de forma somera.
Finalmente, si
bien ha reducido el grosor la pregunta, no ha quedado del todo contestada,
podemos empezar a esbozar algunas respuestas, pero estas ni mucho menos están
lo suficientemente definidas. Falta un mayor trabajo de campo y una mayor
investigación entorno los antecedentes.
En este sentido, podríamos decir que la pregunta que enmarca no ya este
trabajo, sino la continuidad del trabajo va air un poco más allá, siendo más
concreta pero a su vez aspirando a poder poner sobre las mesa más métodos de
investigación de los explotados hasta el monto: como jóvenes artistas musicales
emplean Instagram para la promoción.
Así podemos ver que la pregunta se ha ido modificando en función
de:
-
Los sujetos
-
Los medios de la
investigación
Por otro lado encontramos tres “actos” de la pregunta:
1.
Continuidad y discontinuidad entre
la vida digital y la analógica
2.
Introducción en el mercado
laboral por parte de jóvenes artista
3.
Como jóvenes artistas musicales,
de Barcelona, emplean las plataformas para promocionarse
B
Marco teórico
El marco teórico
que se planteó en un principio iba a la idea de espacio, o mejor dicho,
ciberespacio. Para ello partí de ciertas ideas como espacio fantasmático, el
mundo de las ideas, ciberespacio o no-lugar. En un principio lo que me interesaba
era esa construcción social del espacio, fuera planteamientos que ya daban por sentada
una dicotomía entre lo analógico y lo digital o fuera expresiones más amplias
como la de Marc Auge.
La primera y última que exploré fue la del “espacio fantasmático”,
mediante Slavoj Zizek (2013) y su Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y
ciberespacio. En cierto modo una reconsideración sobre los nuevos medios.
No obstante el problema del planteamiento se encuentra en lo que el teórico
Liev Manovich (2017, 20) resalta en una entrevista:
Consideremos
el moderno “átomo” de la creación cultural: un “documento”, es decir, contenido
almacenado en una forma física, que es difundido a consumidores mediante una
copia física (libros, películas, registros sonoros) o transmisión electrónica
(televisión). En la cultura del software, ya
no tenemos “documentos”. En su lugar, tenemos “actos de software”.
Y eso
que el propio Zizek (ídem., 220) advierte:
En
otras palabras, deberíamos evitar caer en las dos trampas, tanto la referencia
simple y directa a la realidad externa de lo que hay fuera del ciberespacio
como la actitud opuesta de «no hay realidad externa, la VM [vida
misma] no es más que otra ventana
Sin embargo
él tiende a un análisis desde el cual parece solo atenderse a una surte de
arquetipo de “sujeto operatorio”, que nos aleja, no ya solo de nuestra
referencia teoría más amplia, sino desde la propia antropología. Siguiendo a
Mauss (1974, 51), autor que después nos será aun de más interés:
Todo objeto debe ser estudiado: primero en
sí mismo; segundo, en relación a los individuos que lo utilizan, y tercero, en
relación a la totalidad del sistema observado
Así en
Zizek hay dos ausencias sonoras:
-
Por un lado, una perspectiva que vaya
más allá de una versión subjetiva (que parta solo desde el sujeto) de la
cuestión.
-
Por otro lado, una falta de estudio
del aparataje técnico de los medios de software, los cuales va más allá del
cine de Vertov.
Así pues,
si bien no renuncio a su estudio a medio plazo, si que consideré que buscar en
el “espacio” o en la “localización” la clave para desentrañar el problema al
que me enfrentaba, era una amala resolución.
Así que
decidí reorientar mi marco teórico en tres autores:
-
Gustavo Bueno; padre del materialismo filosófico,
es un filósofo cuyo pensamiento puede ser muy fructífero por varios motivos. El
primero es porque dentro de sus sistema filosófico dedicó muchas páginas a la
antropología (1978, 1982, 1984, 1984b, 1987, 1990, 1990b, 1991, 1996, 2002b,
2005, 2012, 2013, 2014 y 2016; Ronzón, 2015)[4],
y después porque fue un autor que se centró en el papel de los nuevos medios y
sus producciones desde una perspectiva filosófica sistemática (2000 y 2002c).
-
Carlos Reynoso; de este autor hemos
tomando nota de sus críticas a otras corrientes teóricas (2008 y 2014; Márquez,
2017) al igual que sus advertencias sobre el actual estado de la antropología
(2013). Su obra es la más importante para entender la crisis que sufrió el
trabajo en mitad del proyecto.
-
Liev Manovich; este teórico cultural
cuanta con una infinidad de artículos, de los cuales nosotros solo hemos usado
unos pocos (2008, 2017 y 2020), en concreto los mas relevantes traducidos al
español. Los demás textos, si bien no se desviaban mucho de nuestro tema, colapsaban
al emplear una metodología muy distinta a
la nuestra y al tratar la cuestión desde un enfoque estético muy amplio que no
nos era de utilidad para nuestra pequeña muestra. Por otro lado, dos libros
suyos que fueron importantes son (2005) El
lenguaje de los nuevos medios de comunicación. La imagen en la era digital,
y (2013)[5]
El software toma el mando.
Estas obras que mencionadas, si bien poseen
una gran potencia y no me cabe la menor duda de que serán necesarias a medio y largo
plazo para desarrollar una buena teoría sobre la cuestión de estudio, se hacen para
el presente trabajo excesivas. Por ejemplo la idea de que la teoría de redes
que plantea Reynoso (2012) es importante para análisis a gran escala de la
cultura es el trabajo de Manovich sobre publicaciones en Instagram (2020)[6].
Pero para ello sería importante poder contar con una información y unos medios para
su tratamiento que están lejísimos de nuestro alcance. La teoría de G. Bueno,
pro su parte, es potente, pero requeriría mas materiales de los que actualmente
disponemos de nuestros escasos informantes y la observación de campo. Podría
ser de utilidad al momento de organizar, antes que un trabajo propio, todo
(dentro de los posible) lo que se haya hecho en esta orientación, lo cual, pro
otro lado, también queda lejos de nuestro objetivo.
Es por ello que al final nos hemos centrado en
“regresar” a la antropología. Podemos encontrar dos bloques.
Por un lado hay una ristra de autores hispanos
que han tratado desde hace ya unos cuantos años estas cuestiones, y sus reflexiones
a partir de sus trabajos no han servido de fuente. En especial se tratan de papers o capítulos de libros:
-
Elisenda Ardèvol (2010, et al. 2003).
De ella hemos tomado sus primeras advertencias sobre el campo, sobre las dificultades de la “localización” y la multiplicidad
e forma que hay de entender lo digital como campo de investigación
antropológica (la fotografía, la domesticación de nuevas tecnologías, la incorporación
de tecnologías en el trabajo de campo, etc.). No obstante también debido a que
su trabajo se había centrado en el blogging
(idem., 2003), su metodología se alejaba abismalmente de la nuestra. Al igual que
nuestro inertes no era acercarnos a un grupo totalmente desconocido, en cuyo caso
nos hubiera podido ser de alguna utilidad sus recomendaciones entorno al cómo
introducirse en un grupo y el cómo y cuándo revelarse como un investigador. Por
otro lado nos queda por leer sus monografías[7]:
(Ardevol y Montañola, 2004) Representación
y cultura audiovisual en la sociedad contemporánea y (Ardèvol, et al.,
2016) Digital Materialities: Design and
Anthropology[8].
También falta por recorrer su blog[9].
-
Adolfo Estalella (y Ardèvol, 2011). En
términos metodológicos fue el más relevantes (2011 y 2014). Por un lado su
propuesta del abrir el “archivo etnográfico” nos pareció interesante y además
fácil de realizar dentro del tipo de etnografía que estábamos realizando. No obstante
se presentaron de inmediato dificultades al querer llevarlo hasta las ultimas:
grabar las sesiones de observación[10].En
esto quedó claro que el abuso de querer registrar, antes que el de “abrir el
archivo en realidad, podía llegar a ser perjudicial para el trabajo. No obstante,
compartir otros documentos como conductas en Stories podía ser interesante,
pues este formato se elimina a las 24 horas en Instagram, y el grabarlo y recubrirlo
a YouTube podía ser una herramienta útil, no solo de archivo de la información,
sino también para, potencialmente, ver si se producía alguna interacción
relevante con dicho material[11].
Por otro lado el autor destaca como la ética de campo se define en el propio
campo antes que en las nociones preconcebidas que tengamos. Así, en el ámbito
de las redes sociales, yo mismo me encontré con que el anonimato de mis
informantes no se valoraba, pues el darles seguidores era algo positivo.
Finalmente
el autor tiene entre manos una monografía (sine loc.), que espera eternamente
ser terminada y publicada por lo visto. En ella ofrece una interesante y romantizada
idea sobre el hakeo. Visión que
enreda en cierto modo de los trabajos de algunos sociólogos (por ej. Aibar,
2008). En especial, visto su índice, se propone como un volumen metodológico.
Puede llegar a tener su relevancia, no obstante buena cantidad de observaciones
quedan ya cubiertas por lo descrito hasta ahora y por lo dicho anteriormente
sobre las propuestas de Ardèvol, por lo que no nos repetiremos.
-
Carla Estrella (2011 y 2011b) nos
propone entrar a los “mundos virtuales”. Si bien ella formaba parte de mi
primer interés en la idea de “espacio virtual”, sus capítulos introductorios
pueden ser de gran valor. Y uno de sus mensajes fue muy claro la primera vez
que abordaba el tema, y sigue siéndolo en el presente (ídem., 2011, 47):
Los usuarios de los mundos virtuales
[redes sociales] se apropian de
estos recursos tecnológicos y crean significados sociales y culturales a través
de ellos.
Osease,
los usuarios tiene agencia, y fue a partir de ahí donde me empecé a interesar más
por esta construcción desde los usos que no de un panorama tan amplio.
El otro grupo de obras de referencia, que comentaré
brevemente, han sido:
-
Ángel Gordo, et al. (2018). Jóvenes en la encrucijada digital. Itinerarios de socialización y
desigualdad en los entornos digitales. Esta obra es la causa de que desistía
de investigar como tema central “la desigualdad” en internet. En esta obra el
autor repasa minuciosa y actualizadamente el panorama de las tres “brechas
digitales” existentes en el mundo moderno. Su obra, no obstante, si contamos
con más sujetos, no podría servir para definir mejor los uso que estos hacen de
internet (presenta una tipología al final de su obra (pp. 127-142). Es
pluralidad al momento de concebir la “brecha digital” y explicar que no es una
mera brecha, sino que se produce en diferentes niveles y de diferentes modos ha
sido de gran utilidad. En especial, al momento de comprender el acceso de
nuestros sujetos de investigación a las redes sociales cuando esta venia influida/guiada
por sus centros de estudio o cuando estos le dan una infraestructura con la
cual producir contenido para su perfil de Instagram.
-
Pilar Lacasa (2018). Expresiones de futuro. Cómo se comunicaran las próximas generaciones.
Este es uno de los volúmenes más interesantes sobre el tema por su actualidad y
su riqueza de enfoques. No obstante esta última es tal que en algunas ocasiones
cuesta de elaborar un marco teórico mas general desde el cual enfocar bien la
obra desde nuestra perspectiva. Ello se debe a que es un libro enfocado al
campo de al pedagogía formal[12].
De igual modo su ultimo capitulo (pp. 297-341) se dedica a fdar algunas
anotaciones sobre cómo podemos bordar este campo, ene l cual hay algunas
indicaciones etnográficas. No obstante esta introducción es más general e
interdisciplinar. Aun así, la etnografía tiene un peso importante en toda la
obra, pero para atender a indicaciones más formales sobre esto, es el último
libro de esta breve lista el fundamental.
-
Sonia Martin (2018). Familias
enredadas. Los Riesgos en internet. Este libro nos pareció interesante por
el hecho de que algunos de nuestro entrevistados bloqueaban su familia o se hacían a espaladas de esta la
ceunta de Instagram. No obstante al ver que este no era un punto central quedó caduco. Aun así, su capítulo
(pp. 119-141) dedicado a la “Gestión emocional” en internet da muestras de la
riqueza que permite este medio en este área, y puede ser de utilidad en dos sentidos.
Por un lado comprender mejor los emojis: “Los emojis no sólo representan significados
verbalmente preestablecidos, sino que también articulan un nuevo tipo de
lenguaje, a medio camino entre las palabras y las imágenes, con sus propios
sentidos y referencias” (Ter en
Castro, 2019, 89). Por otro lado, de cara al futuro puede ser interesante al
momento de hacer una comparación entre el estado de las cuentas de los usuarios
y enfocar esa evolución con su estado emocional.
-
Sarah Pink, et al (2019). Etnografía
digital. Principios y práctica. Este es un libro elementalmente
metodológico y de comparación de algunos resultados, pero no con una sistematicidad
rigurosa. Por así decirlo estamos ante “tientos etnológicos”. Sus aportaciones
metodológicas son las más interesantes, junto a los enfoques temáticos que
propone. Nosotros no hemos querido encorsetarnos en ninguno, pero al idea de
ala antropología fenomenológica (pp. 43-47, 66-71, 92-95 y 183-187) tiene su
importancia para atender a un uso de la tecnología digital de forma holística,
que sin dudas será necesario para la continuación de este trabajo. Si bien la quisimos
empezar a poner en práctica en la fase final de este trabajo, la actual
situación del COVI ha impedido poder aplicarlo. De igual modo hubiera requerido
por mi parte un mayor estudio sobre el desarrollo técnico de ciertos objetos
como el software de aplicaciones, el teléfono móvil, en especial el Smartphone, el lenguaje tipo emoticonos,
etc. Por otro lado su propuesta de bloques temáticos nos parecía compleja de sostener
dado el grupo con el que estábamos trabajando. Buena muestra de ello es que el
“tema” que hemos acabado teniendo entre manos no se encuentra reflejado en ningún
punto del libro mencionado.
Como puede apreciarse el marco teórico se ha
encontrado en un constante proceso de proceroso y regreso a las muestras
etnografías (las limitaciones del propio campo), al igual que la coordinación
entre la propia teoría.
Si bien en la actualidad, mucho menos que
antes, podemos decir tener un marco teórico definido, no obstante sí que esta
infinitamente más localizado: la antropología fenomenológica, la antropología
visual y la antropología de la técnica (en el sentido que hemos citado antes de
Mauss) son los caudales principales por lo que nuestra investigación ha
terminado acomodándose y donde esperemos se asiente a partir de ampliar la
observación y ampliar el número de informantes e ir pudiendo afinar mejor con
ellos las metodologías. Estas últimas observaciones las afinaremos en el
próximo apartado.
C
Primera
impresión del trabajo de campo
Por impresión comprendemos dos dimensiones:
-
La apariencia con la que se
nos presenta el campo de estudio.
En un primer momento queríamos abordar el campo con la máxima
amplitud posible. Sin embargo se demostró inabarcable. Era tal la cantidad de interacciones
a registrar en unas pocas cuentas que se demostró que su registro milimétrico
era poco menos que inútil. Por dos motivos; por un lado la mayoría de la
información podía ser de inertes en un primer impacto, peor no establecía per se patrones de conducta, había el
riesgo de caer en un particularismo de cada cuenta y hacer generalizaciones
apresuradas. Por otro lado, los medios de que disponíamos para registrar dichas
interacciones eran insuficientes.
Ello obligó a atender el campo no en su totalidad, cosa que ya o
podíamos procurar en un principio, y reconstruirlo a partir de los informantes
de que disponíamos. Así preferimos invertir las tornas, en vez de que la
observación, o el abordaje al campo, fuera del o general a lo concreto, hacerlo
de lo concreto a lo general. A partir de
un puñado de informantes accedí a otros informantes, procurando diversificar su
actividades (algunos música, otros diseño, otro pintura, un caso de maquillaje…).
Así a través de un par de actores fuimos tejiendo una red de otros
actores.[13]
-
El impacto que tuvo en
nuestra idea del campo el hallazgo directo con este:
Iba de sobrasa advertido sobre la complejidad de definir los límites
en el campo de lo digital. No obstante no quería perder detalle y me aprecia
importante aspirar a registrar todo lo que se pudiera.
Al ver que sencillamente era inabarcable me di cuenta de que no
era un mero proceso de registro, ni el que tenía que elaborar yo como “antropólogo”
ni lo que sucedía en internet. Se producen constantes procesos de readecuación
de los procesos de trabajo, publicación, interacción a cada caso particular y
sus similares.
Al comprender que al indefinición no era tanto en el campo, pues
era fácil reconstruirlo desde un caso concreto (con sus riesgos), vi que el
problema era querer abordar antes la abstracción de “ciberespacio” que las interacciones
de los sujetos que empleaban o no dichos medios digitales. En este sentido se
produce un directo paralelismo con la descripción previa sobre el marco teórico.
Finalmente, el
trabajo de campo dejó de ser un mero proceso de registro milimétrico[14],
tendencia que había cogido también de exagerar la propuesta de la “apertura del
archivo etnográfico” de Estalella (2014). El trabajo de campo exigía una
multiplicidad de métodos para abordarlo, los cuales a su vez se describían no
solo ya por el campo en sí, sino por al disposición del investigar (osease, yo)
en el mismo. Así, la idea de llevar a cabo una antropología fenomenológica, en
la continuación del trabajo realizado hasta la fecha, no se me hubiera pasado
por la cabeza, si no fuera por la gran confianza que tengo con la mitad de los informantes,
por lo que sabía que no hubieran puesta el más mínimo problema más allá de una mínima
explicación ante una metodología tan “invasiva” en apariencia. No obstante ese
registro, tampoco debía caer en el error de mi primera intención, y eso es parte
de lo que queda aun por hacer: si voy a elaborar una reconstrucción de los
modos de uso de la tecnología he de atender, perfilar mejor, qué tecnologías
son las que me interesan. Así, por ejemplo, no me importa lo mas mínimo lo que
hagan al levantarse, a menos que sea publicar una canción en su perfil (cosa
que no se ha dado hasta el momento). Y así sucesivamente ir perfilando algunos abordajes.
Las entrevista
se presenta como herramientas útiles, pero siempre que tengan una finalidad
concreta. En ese sentido mi primera entrevista fue sencillamente ridícula. En vez
de plantarse como una entrevista se planteó como un diálogo. Esto no se debió
solo a mi fallo, también al del entrevistado, quien era un familiar, motivo por
el cual me costaba más aplacar su modo de plantear la entrevista (casi un diálogo
radiofónico [no es sorprendente que él sea muy aficionado al género]). Ello
hizo que esta entrevista terminara siendo una suma de divagaciones que se prolongan
hasta las casi 3 horas[15].
En este sentido el diálogo tiene su relevancia y siempre nos da información,
pero por ejemplo en esta charla terminé por conocer antes el punto de vista del
entrevistado sobre lo que era Instagram que sobre sus usos concretos.
A partir de
esa primer entrevista tuve claro que las entrevistas tenían que estar mininamente
guionizadas, con una cierta evolución, en mi caso empiezo preguntando siempre
por “Cuando y como” se hicieron Instagram, algo muy concreto y que además se
puede contratar a través de su propio historial de publicaciones, y termino preguntándoles
sobre “cuando creen que Instagram dejara de ser un medio útil para sus finalidades”,
algo mucho mas abstracto y divagante y que me permite, antes que saber cuál es
la opinión del sujeto sobre “como serán las redes sociales del futuro”, conocer
cuál es su idea de para lo que sirve Instagram, y en especial para sus usos.
De igual modo
aprendí que cada entrevista tenía que tener un trasfondo similar para poder
tener puntos a comprar, peor por otro lado tenían que tener elementos distintivos
antes los evidentes cambios de uso en
cada sujeto. Así antes de redactar las entrevista readaptando un “guion canónico”,
revisaba sus perfiles personalziadamente, revisando sus publicaciones y si existía
algún orden (inclusive en algún caso se podía llegar a realizar una calificación
sencilla), si existía alguna metodología, algunas temáticas, unos usos muy marcados
de una herramienta o, por el contrario, un infrauso de una herramienta, etc.
Ello no obstante,
no garantiza el éxito de la entrevista. En dos ocasiones al entrevista fue muy
pobre, una duró 37 minutos, aunque su contenido era relativamente útil y la
emplearé más adelante; la otra, sin embargo, se caracterizó por la brevedad de las
respuestas y su pobreza en observaciones. En este último caso el medio fue hibrido
y creo que eso pudo impcair un empobrecimiento de al exposición: ya que la persona
no usaba ningún medio de comunicación tipo Skype o zoom, le envié la entrevista
por WhatsApp. Aun que conozco al entrevistado y sé que está en su carácter ese
tipo de respuestas, no me cabe duda de que el medio que yo mismo use no fue el
más adecuado y en ello también hay mucha culpa. Queda pendiente rehacerla.
En cuanto a la
observación del campo, como ya he dicho lianas más abajo, empecé por una idea
de registro, antes que de observación. Así el diario de campo se caracterizaba por
su ausencia, mientras que conforme iba entendiendo que en el campo se iban apareciendo
objetos de interés y otros que no, y que eran los primeros los que enrecian
valor para ser registrados, el diario de campo fue cobrando importancia. Por
otro lado también al cobrar el diario de campo más importancia como registro se
iba haciendo más notoria la necesidad de “distinguir […] la observación de la interpretación”
(Rossi y O’Higgins, ídem., 166). Un buen caso de esto se encuentra en el que
fue mi primer registro en el diario de campo,[16]
donde antes que registrar lo que sucedía yo ya planteaba, con la excusa de
tener una muestra de ello, una teoría que ya había ido tomando forma mediante
observaciones previas. Si bien esta teoría la sigo sosteniendo, ese no era el
objetivo de dicha metodología y, por ejemplo, al final han terminado por no
tener ningún valor en mi trabajo.
Si bien la
investigación bibliográfica también la considero un método para abordar en
primera y ultima instancia el campo de trabajo, creo que ya ha quedado bien
descrita en el apartado anterior.
Finalmente
valdría la pena hablar de dos últimas metodologías, que si bien no las he
aplicado sí que han emergido como necesarias a partir del abordaje que he
podido realizar hasta la fecha.
-
las encuestas. Esta herramienta,
que corresponde a la parte de “tecniques cauntitatives”, no se ha podido
aplicar durante al presente investigación, no obstante, ya se ha realizado el
diseño de dicha encuesta (Anexo 1) y se irá aplicando a posteriori tanto a los
entrevistados, quienes me gustaría que al contestaran de forma personal y en persona
para también si poder dibujarme mejor un perfil suyo, como a todos aquellos que
cumplan un mínimo de características y que estén al alcance. Un aspecto en el cual
hubiera sido muy útil es confirmar, por ejemplo, si al principal plataforma de
acceso de nuestra muestra a esta red social es el móvil y por qué motivo. También
podría ser confirmar en qué año se hicieron Instagram y atender cuales suelen
ser los rangos de tiempo en uso de esta aplicación.
-
La fotografía queda como un registro
necesario para poder ilustrar los usos concretos, las operaciones, que llevan
a cabo los sujetos con los objetos de su
entorno y otros sujetos. En concreto me interesaba el abordaje de los objetos
desde una antropología, inclusive antes que fenomenológica, recuperando la atención
concreta con al que Mauss (ídem.) detalló en su obra los usos que hacían
diferentes pueblos de diferentes herramientas. Así por ejemplo, el deslizar y
el pulsar son los característicos del empleo del Smartphone a diferencia del
ordenador que es el clic del ratón y el tecleo del teclado. Esto último lo ampliaré
en el último punto de este subapartado al traer al frente más referencias de
autores que han tratado esta cuestión y al describir un poco como nos
encauzamos en esta perspectiva.
Planteamiento
de nuevas preguntas
Las preguntas que me plantee en un
principio fueron las siguientes:
-
¿Se
puede hacer una antropología de la sociedad global?
-
¿La
antropología puede absorber nuevas metodologías manteniendo su identidad?
-
¿Puede
la antropología renunciar a ciertas metodologías y mantener su identidad?
-
¿Instagram
en sí puede ser un “objeto antropológico”, al modo de una vasija para un
arqueólogo, o es más bien un “campo antropológico”, al modo de un espacio
social?
-
¿Instagram
es un campo de trabajo o una herramienta
de trabajo?
-
¿Podemos
analizar las instituciones humanas, mediante esta red social?
-
¿Qué
diferencia a Insta de otros espacios cibernéticos como los juegos-online?
-
¿Instagram
se muestra de por sí como un espacio autónomo o presenta continuidades con
otros espacios digitales y otros no-digitales?
-
¿Se
puede romper la dicotomía analógico/cibernético?
En este
sentido contrasta fuertemente con lo que buscaba que fuera mi objeto de trabajo:
“Lo que nos
interesa no son tanto los sujetos, como las interacciones que permite esta
aplicación y qué nos dice con respecto al intercambio (me-gustas comentarios,
reposts, posibilidad de comprar en línea, etc.) al parentesco (amigos, mejores
amigos) la institucionalización de la persona (individuos, grupos, empresas,
familias reales; instituciones económicas, políticas o culturales; etc.)
derecho (denuncias, bloqueos, privacidad, costumbre, etc.) lenguaje (emojis, hashtags, faceups, etc.) política (democracia, monarquía, participación,
liberalismo, branding político,
prestigio, honor, etc.) entre algunos otros aspectos.”.
En este
sentido ya se ve una tensión inicial entre el realismo de aspirar a registrar y
analizar las interacciones concretas y una cierta celeridad por elaborar las abstracciones
más amplias. En la actualidad las primeras
preguntas se han diluido, y la segunda parte se ha centrado.
Me intereso
por como jóvenes artistas usan Instagram como plataforma para promocionar su
trabajo. En concreto, para introducirse o no en el mercado laboral. Tampoco hay que cerrarse en la cuestión del mercado
laboral, pues hay quienes no emplean el medio con dicha finalidad. Pero sí que se
ve un uso orientado a dicho ámbito, o como mínimo el económico. Cuando no se
busca una finalidad concreta económica se ve un salto diferencial. Es ahí donde
se marca de forma más clara la división entre nuestros sujetos. Esto a su vez
no implica un marco temporal limitado, así hay quien lo sube de muestra, de porfolio,
pero no necesariamente para obtener trabajo ya, sino más bien como muestra
posibles futuros trabajos. Por lo que tampoco hay que cerrar en exceso el círculo.
Lo que sí que
he considerado, de cara a la continuación de este trabajo, es centrarme en la
cuestión gremial y apuntar concretamente hacia la música. A diferencia de otros
que trabajan el dibujo, el maquillaje o el diseño, la música se presenta a Instagram
en una función muy elaborada de usos, como reproductor de la misma música
producida (pero no de forma prefrencial), el perfil permite presentar una
estética musical concreta, ya que se diferencia del perfil personal, etc. Por
resumir, me gustaría seguir las indicaciones del párrafo anterior, pero centrando
un poco más en qué área artística concreta se mueven los sujetos.
Esto en cierto
modo también se debe a las dificultades de crear una obra para la plataforma. Así
cuando hablamos de arte en internet no solo hablamos de exposiciones de obras
en internet, como puede ser los casos de patrimonialización vía internet,[17]
sino que también podemos hablar de artistas que explícitamente producen para Instagram.
Este el caso de un aplicación en la app que permite, mediante reconocimiento
facial, aplicar software de realidad aumentada sobreponiendo al rostro
elementos con los cuales o mediante los cuales se puede generar otras acciones,
o en la mayoría de las ocasiones únicamente se sobrepone permitiendo hacer retratos
divertidos (ver un ejemplo en el Anexo 2). De ahí la necesidad de fijar mejor
el análisis. Conste, por otro lado, que este último caso, sería muy interesante
de estudiar mediante una antropología del cuerpo[18],
cuestión que nos planteamos hasta cierto punto y que no podremos garantizar que
nos e vaya a convertir en nuestro tema principal de estudio después de esta
breve introducción en el campo. Pero esto, ya es otra cuestión.
Sin lugar a
dudas, no obstante, una de las cuestiones que se han tornado centrales a pese a
la imposibilidad de abordarlas es toda la cuestión técnica. Como ya hemos
destacado antes, en esto ha sido fundamental la presencia de Mauss, al igual
que la de G. Bueno aun que se mantengan a escalas muy diferentes. Para ello es importante
entrar en el siguiente bloque.
Reformulación
del marco teórico
Las nuevas
referencias al marco teórico se construyen en dos centros diferentes, si bien
relacionados.
- Primero me gustaría tratar la importancia de la técnica y al
tecnología para poder desarrollar esta trabajo con mayor profundidad de cara a
un futuro.
- Después plantearé dos trabajos en concreto que creemos nos podrán
servir de ayuda.
Cuando empecé
a leer el libro de Marcel Mauss (ídem.) Introducción la Etnografía esperaba encontrarme, o bien con un
libro al estilo manual introductorio al tema como el de Lucy Mair (1975) o el
de Marvin Harris (1998), o bien con libros más teóricos como el citado Teorías de la cultura y métodos
antropológicos de Rossi y O’Higgins (ídem.) o el célebre volumen compilado
por Jose R. Llobera (1975), La
Antropología como Ciencia.
Hay que reconocer
que muchos de los temas que se tratan en los otros libros “introductorios” a la
materia también se ven en el volumen de Mauss. No obstante, algo que lo hace irrefutablemente
diferente es que, inmediatamente después de pasar el bloque “metodológico” (pp.
11-41), se adentra ricamente en el campo de las técnicas (pp. 43-146). Esto era
algo que yo no había visto en mis tres años como estudiante de antropología,
únicamente en antropología ecológica y de forma muy primaria[19].
Algo muy interesante es que la primera técnica que estudia, no es mecánica,
sino la “técnica del cuerpo” (p. 45), como “El conjunto de los hábitos del
cuerpo constituyen también una técnica que se enseña y cuya evolución no
termina”. Una de las técnicas del cuerpo más reconocidas es la de la muerte.[20]
Por otras lecturas, en Antropología Ecológica, había llegado a
leer al arqueólogo Lewis Binford. Este arqueólogo dedicó un artículo interesantísimo al cuestión funeraria ([1970]2011). Ahí una
de sus conclusiones (ídem., 40) era:
El estudio comparativo de las
formas de contenido cultural, como medida de la variabilidad en la corriente de
la información, dentro y a lo largo de los sistemas culturales, es engañoso; la
mera variabilidad estructural entre los sistemas culturales condiciona
fuertemente el grado en que la información y el conocimiento se traducirán en
un comportamiento organizado culturalmente. La interpretación histórica
tradicional ignora este carácter sistémico de la cultura.
Lo primero de
todo es aclarar que Binford se encuadra en fuertes debates contra el
difusionismo (Fernández y Ruiz, 2011). Hecha esta aclaración del contexto teórico,
es importante resaltar como las técnicas funerarias no se expandían sin más, los
grupos humanos tomaban su fuerza, pero a su vez eran readaptadas en sus usos
locales. En esto no quiero reivindicar un descubrimiento que no es tal, como
veremos líneas más abajo ya hay excelentes monografías antropológicas que
señalan en esta dirección.
No obstante,
esta lectura de Binford sobre la difusión de los usos tecnológicos en combinación
con la sutil descripción del Mauss me recordaron el comentario de uno de mis informantes[21]:
“Es que es tan fácil, no has
ni de picar, es solo deslizar”
[Ferran 20
años]
Me empecé a interesar por lo que tuviera que decir la arqueología
sobre ciertos usos de objetos (por ej. Ratto, 2016), de la técnica y al
estética. Encontré aspectos interesantísimo. Solo por dar un ejemplo, pues este
no es un trabajo sobre arqueología, ni esta terminará por ser la disciplina
desde al cual enfoque mi trabajo:
Si bien hay un aumento de en la técnica de
trabajo bifacial, y en las estrategias de captura de recursos, se produce un
descenso marcado en la frecuencia de decoración de los artefactos. Esto
demuestra que las modificaciones en las distintas esferas de producción social[22]
no siguen ritmos de cambio similar.
Muestra Myrian
Álvarez (2008, 31), al analizar la conducta de los grupos
cazadores-recolectores-pescadores, en el extremo sur de Sudamérica, a partir
del 2000 AP, que inclusive con la expansión de mejoras técnicas no hemos de
esperar que se produzcan de igual modo progresos del mismo “grado” en otras
áreas en concreto.
Así pues, el
estudio desde los objetos y sus usos era fundamental. Gimena Perret (2009, 30)
en un breve artículo me descubrió a André Leroi-Gourhan, quien
profundizó en el perspectiva de Mauss, en un “análisis dinámico de la tecnología
[…] consistía en ampliar lo que tradicionalmente se consideraba técnica, a los movimientos
ejecutados sobre al materia”, es decir, “alejarse de aquellos análisis que consideraban
a los objetos en sí mismos”.
No he podido
leer la obra aun de dicho antropólogo, en especial uno de sus tres volúmenes
dedicados a la “Evolución y técnica”: El
hombre y la materia (1988)[23].
Por no quedarme solo en la Antropología también busque algún abordaje
general del panorama de la cuestión técnica desde la sociología.[24]
El artículo de Aibar (1996) “La vida social de las maquinas: orígenes,
desarrollo y perspectivas actuales en la sociología de la tecnología” parecía
una buena introducción. No obstante, él muestra en un artículo ya citado (2008)
que no existe un conocimiento profundo de los mecanismos de los dispositivos
que se abordan desde la sociología, y eso que en el artículo de 1996 resalta
jactanciosamente esto como una de las características fundamentales de las nuevas
orientaciones sociológicas y que iba radicalmente cambiar el panorama. El mejor
ejemplo de esto es uno de los autores más reputados en nuestro contexto y
actual ministro de universidades en España: Manuel Castells. Por dejarlo en
boca de otros, señala en su trabajo Manovich (2013, 34):
Contrariamente, los académicos
que carecen de esta experiencia o implicación más técnica (como Manuel
Castells, Bruno Latour[25],
Paul Virilio o Siegrfied Zielinski) no han incorporado planteamientos sobre
software en sus visiones sobre la tecnología y los medios modernos, pro preciso
en su teoría y sumamente influyentes que puedan ser.[26]
Y cuando Manovich
habla aquí de software no nos hemos de sentir libres de culpa, pues estamos
aquí hablando de Instagram y a fin de cuentas esta es una amera “red social”. Instagram
opera, técnicamente, como software, socialmente es un mero añadido a redes sociales
preexistentes que mediante esta disposición del software las llevan a un nuevo
nivel.[27]
Es justamente
en este punto donde podemos introducir el interesante artículo de Daniel Miller
(2019) “Cómo y porqué el mundo cambió las redes sociales”. Este es el artículo
que da paso a un interesante dossier de la revista argentina Etnografías Contemporáneas dedicado a “Etnografías
de lo digital: reflexiones y experiencias
de campo multisituadas y (des)situadas”. En este primer artículo concluye
el autor (ídem., 11):
Entonces, el primer aspecto
importante para destacar es que las redes sociales se diferencias dependiendo
del lugar donde se estudie este tema. Sin embargo, hay algunas generalizaciones
que podemos permitirnos hacer
-
[…] representan un cambio en la comunicación
humana.
-
[…] lo visual es una parte integral […]
-
Ya
conocíamos los emoticonos y los emojis, peor ahora una persona puede tomar
imágenes de su cara para mostrar los cambios de humor […][28]
Si bien es un artículo
con cierta riqueza, ante todo lo que permite es una ojeada a vista de pájaro de
qué ha hecho recientemente la antropología sobre las redes sociales. También
tiene algunas conclusiones algo descontextualizadas, por ejemplo al reclamar
como problema un supuesta noción limitada de “lo humano” (p. 16), cuya crítica
puede ser acertada o no, pero parece algo extraña en una artículo que parece
moverse por otras veredas y no da muestras necesarias para incitar a dicha reflexión
al lector.[29]
No obstante,
este estudio junto a otros que se están
elaborando desde la University College de Londres (UCL)[30],
son una inestimable fuente de información de cara un futuro inmediato.
También cabe
advertir que esta otra vía que tomé de lecturas me ha obligado a recupera a uno
de mis primeros autores de referencia: Manovich. Ello ha sido algo que se me ha
hecho evidente al empezar a buscar
información sobre el Smartphone como medio de acceso a lo digital y leer el artículo de Israel Márquez
(2017) sobre “El samrtphoner como metamedio”. Ahí expone sucintamente la teoría
de los medios que Manovich (2005), la cual él plantea originalmente en El lenguaje de los nuevos medios de
comunicación. Así que las sucesivas lecturas y ampliaciones del marco teórico
también implican la recuperación de viejas lecturas.
Entrando ahora
en el segundo bloque de las novedades del marco teórico, nos hemos de interesar
por la entrada de los jóvenes en el mercado laboral. Así vemos que nuestra
muestra no se encuentra ante una etérea
exposición de arte de internet, sus fines son lucrativos, en algunas ocasiones
profesionales y en otras no.
En este
sentido habrá que tener en cuenta varios aspectos. Como advertía Paul Willis
([1977] 2017) en su célebre Aprendiendo
a trabajar. Como los chicos de clase
obrera consiguen trabajos de clase obrera; el sistema educativo es una
pieza clave para comprender esta reproducción de clases. Y esto ha salido a relucir en más de uno de nuestros entrevistados,
al igual que es algo que resaltan Gordo et al. (ídem.,) en su trabajo al
momento de advertir de los mecanismos de que dispone una sociedad para paliar
la desigualdad digital. No obstante esos mismos medios digitales se presentan
como suplentes a carencias propias del sistema educativo. En este caso no nos introduciremos,
como pro toro lado hace excelentemente Lacasa (ídem.) en su trabajo ya mencionado,
en el sistema educativo en pleno. Lo que nos interesa es sobretodo los estudios
superiores al bachillerato o del mismo grado (ciclos) pero que no se inscriben en
la categoría especifica de bachiller. Esta exclusión no se debe a que tengamos
muestras de que los estudiantes de bachillerato no se encuentran en esta circunstancia.
Es que sencillamente, nuestros sujetos no han expuestos dichas relaciones.
Hay que empezar
comprendiendo cómo es ese salto al mercado laboral de los jóvenes y como las
redes sociales son plataformas que fortalecen, compensan o debilitan esta
entrada. El trabajo de Willis es un clásico, pero tiene entorno a medio siglo.
Se nos hace fundamental aprender sobre el “Descubrimiento del mundo económico
en niños y adolescentes” (Delval, 2013) en la actualidad. Esta última referencia
puede ser un interesante punto de entrada, no obstante se orienta desde la
psicología infantil y juvenil. Así que habrá que seguir revisando qué se ha
hecho desde la antropología, si bien creemos que este campo estará bien abonado
y nos erá tan difícil encontrar información como en el caso de la redes
sociales.
Segunda parte
Principio y finalidad:
Los usos que
se hacen de internet no surgen ex nihilo;
inclusive para quien lo vea como mero resultado del empleo del “tiempo libre” o
“tiempo de ocio”, deberá saber que estos dos conceptos tienen sus luces y sus
sombras y deben ser comprendido dentro de cada sociedad[31]
(Baños, 2018).
¿Para qué
alguien se mete en una red social? Hay animo contestatario, ansias de independencia,
ansia de dependencia… ¿Cómo se introduce uno? Hay manuales o videotutoriales,
hay señalizaciones o se pide consejo de un usuario otro… ¿Cuál es la primera
impresión? ¿Se conserva en la actualidad es primera impresión?
Estas son
algunas de las cuestiones que abordamos en el principio de nuestros encuentro.
Sociabilidad;
Sin lugar a dudas la respuesta más común ante la pregunta “¿Cómo y
porque te hiciste Instagram?”, se caracteriza por:
-
La moda en el momento
-
Compartir contenido
-
Consumir contenido
En el primer aspecto,
es interesante resaltar que la mayoría destaca que el momento en el cual se lo hicieron
no había tanta gente empleando la plataforma, peor reconocen que su entorno
inmediato sí que lo empleaba (excepto la familia).
En cuanto a
los dos segundos puntos es interesante que se amalgaman y muestran mucha
diversidad.
Así, por ejemplo, hay una preminencia en el acto de “penjar fotos”
(pintura, JoJo, 19 años). No obstante Oscar (música, 20 años), por ejemplo, muestra
una actitud más de consumo que de compartir, lo cual tiene un cierto sentido
viendo que su cuenta es de las que menos publicaciones tiene (18 publicaciones
en 3 años, en al cuenta personal), de igual modo es el que presenta un perfil
más reticente a la socialización en internet al afirmar:
memes, ver a la gente que no
te inetersa […] básicamente como un poquito de lubricante
social
No obstante, todos reconocen que sí hubo un empuje social y que
los primeros usos se suelen distinguir en esa dirección. Hay dos casos en este
sentido diferenciados. Por un lado Kolde (19 años), quien empezó a usar Instagram para subir videos que más tarde
se subían en Vine (otra plataforma de videos cortos en la actualidad ya
inoperante). Nos describe sus primera actividad en la red:
Nos grabamos haciendo el
gilipollas por la calle y al final lo cavamos subiendo a la cuenta… pero nada…
subí uno o dos videos y dije “esto no” y ya hice lo que es mi cuenta para subir
fotos
Si bien el
contenido ya presenta una especialización y no un mero uso genérico, igual localizable
en lo que describe JoJo como un receptáculo de recuerdos, no podemos por ello hablar
de una profesionalización de la cuenta, dicha transición requiere más
operaciones.
Pero antes de entrar en este tema, es interesante que hay usuarios
que no tienen dicho proceso, e igual en ello queda registrado un incremento de usuarios
enfocados directamente al sector profesional (Escobar, 2020). Este es el caso
de Mitus (pintor, 34 años):
me la hice [la cuenta de Instagram] porque vi que el resto de redes sociales no
cumplían mis expectativas […]
las uso [las redes] para
promocionar mi trabajo, a excepción de Facebook y Twitter.
La respuesta a
este perfil la veremos en el siguiente apartado.
Profesionalización;
Al iniciarse
las andaduras en Instagram, como hemos expuesto la principal referencia es el
campo de socialización próximo, con meros fines de compartir contenidos (fotografías,
memes, etc.), generar recuerdos.
La
profesionalización es un proceso por el cual se van sucediendo múltiples
cambios en la forma y contendió de la cuenta. Y el proceso, lejos de lo que
puede parecer, no empieza en la creación en si de una cuenta.
Kolde diferencia el uso de uno más personal a uno donde lo que
importa es la “promoción”. Ella, por ejemplo, aun no tiene una cuenta segregada
dedicada concretamente al ámbito musical o de dibujo, pero nos advierte:
siendo una artista es verdad
que enfoco mi perfil, el personal, a fotos que no puedan considerarse tan
mediocres, por así decirlo.
Este control
sobre el contenido es opuesto al caso que veremos en el siguiente subapartado,
donde este tipo de segregaciones y controles se hacen desde “lo personal”, no
desde lo promocional.
Hay un par de formas de gestionar la creación de una nueva cuenta
“profesional”, como nos dice JoJo:
me hago otro o reciclo este [perfil]
Y al opción del reciclaje no es una anomalía. Esto mismo nos lo
plantea Soker con respecto a gestionar sus
dos cuentas, la profesional y la personal:
Porque como cuesta promoverse
uso ya lo que es mas la principal. Que no sería de extrañar que la de Soker me
la borrara y apsara a la principal a ser esa. Y ya centrar mi principal en el
tema música.
Así pues “la
cuenta”, no es monolítica. El objetivo es la promoción, en tanto que crearse una
cuenta a parte puede servir para generar un contenido especializado, esto no
tiene por qué cumplir con alas expectativas del mercado de “Instagram”, que es
generar más seguidores.
Así, la insistencia de la presencia termina por ser un factor
fundamental, y ello se muestra en varios aspectos. Lo primero es porque es la
idea misma con la que la gente puede acceder a esta plataforma para promocionarse.
Como dice Oscar:
de coger tu trabajo y ponerlo
en una plataforma en la que todo el mundo está 50 horas al día. Llamas a la
publicidad.
Pero también por la importancia de compartir contenido entre usuarios.
Que otro usuario de a conocer tu obra. Soker lo explicaba así:
Por ejemplo, lo de resubir stories,
cuanta más gente lo suba, más fácil es, mediante sus perfiles, llegar a otra
gente. Y si tú lo resubes… se crea como 14 o 15 sotiras que tratan de lo mismo
Una buena muestra
de ello se refleja fácilmente al atender a cuantos usuarios puede, potencialmente,
llegar un post y su correspondiente repost. En el caso de Zeiner (grafity y
tatuaje, 23 años):
Pantallazo tomado el 2 de marzo de 2020.
Vemos como se comparte la producción. Este es el resultado del trabajo, pero
esta es la fotografía última, durante las semanas anteriores pudimos ir registrando
como se iban subiendo más fotografías compartiendo el proceso del trabajo. Este
proceso en concreto no quedo registrado en los tories destacados en su perfil,
los cuales no se eliminan a las 24 h. Pero si que podemos encontrar muchos
otros en una lista titulada “Trabajillos”.
En este caso es interesante comprobar como si existe una reciprocidad en
las menciones y visualización que se dan entre los usuarios.
En este caso, Zeiner alcanzó una bolsa potencial de espectadores de hasta
4442 (1.142 de OASIS y 3.300 de Kolde), sumándole a los que ya tiene en su
propia cuenta (unos 14.500).
A más a mas vemos el uso de emoticonos (que no guifs) para enfatizar el trabajo
realizado. Lo importante es que estos emoticonos los añadió Oasis, la empresa para
la cual se elaboró el mural.
La empresa se lucra en prestigio al mostrar una inversión en el bienestar
del local. Esto no me ha sido comentado directamente, pero debido a mi asidua
presencia en el local, el encargado ha comentado en alguna ocasión el gasto que
se ha realizado en la instalación, bien sea el suelo, las luces, el sistema de ventilación
y los propios murales. Estos murales van rotando además estacionalmente asegurando
una renovación de imagen al local y una entrada de dinero al autor encargado.
Este último aspecto sí que me fue comentado en persona tanto por Kolde como pro
Zeiner, por lo que puede deducirse que asegurarse encargos recurrentes de
locales u otros espacios es un objetivo claro. Algo que también me hablaba Jay
Constanza (diseño, 30 años).
No obstante no
todos los trabajos tiene el mismo impacto al ser resubidos. En el caso de esta
publicación veíamos que el etiquetado era una herramienta ineludible para desde
ahí tejer una mini-red de difusión. Pero desde otras posiciones no sucede lo
mismo, es de ello una buena muestra el siguiente caso:
Pantallazo del 26 de febrero de 2020
El screen-shot o captura de
pantalla[32] es una
constante herramienta de reutilización de imágenes con carácter de inmediatez,
también pueden hacerse grabaciones en video de la pantalla, lo cual permite
ampliar esta útil herramienta a los videos y contenid9os en movimiento.
Vemos como los fans pueden coger la base de una campaña publicitaria, ya de
por si elaborada, y readaptarla con sus propias señales de alerta, de atención.
En este sentido, el GIF en los stories de Instagram suele ser la herramienta
predilecta. En esta imagen, pese a que no se vea, se tratan de dos gifs, los
cuales, incrementa la expresividad propia de los iconos e imágenes incrustadas
en la “micro-edición”.
A su vez es interesante resaltar la diferencia
entre “etiquetar” y cuando solo se hace una captura de pantalla y se resube. No
se etiquete aporque no tendría sentido, según me comentaba la propia usuaria:
-
La artista ya
es conocida
-
La artista no
va a hacer caso de una publicación “cualquiera”
No obstante, esta no es una actitud generalizada sin más. Podemos ver que
hay muchos usuarios que sí que etiquetan a sus ídolos, en este sentido falta trabajar
cual es esta diferenciación entre grupos.
Por otro lado, también es
interesante resaltar que en la publicación original, la de la famosa cantante
Taylor Swift, no hay posibilidad de responder al storie, se puede compartir, pero
no puedes acceder a ponerte en contacto con al cuenta mediante el chat. Sin
embargo, al otra cuenta, al del repost, nos e molestan en eliminar dichas interacciones.
Zeiner me comentaba esto como un refuerzo de la imagen de marca de un perfil.
Mucha gente te abre para preguntarte gilipolleces y yo quiero
que me hables por ahí para temas de trabajo, ya tengo al otra cuenta para otros
temas.
Pantallazo del 26 de febrero de 2020
En este caso podemos ver a la misma usuaria de los stories anteriores
interaccionar (vía retweet) con otro contenido referente a la misma artista. En
este caso es interesante la descripción del proceso de producción del álbum y
el interés que puede llegar a mostrar el consumidor.
La paradoja es que –en una especie de inversión del viejo
chlicé según el cual la ideología occidental disimula el proceso de producción
en beneficio del producto final. El proceso de producción, lejos de ser el
dominio oculto de lo prohibido, de lo que no puede ser mostrado, de lo que
esconde el fetiche, sirve en cambio como el fetiche que fascina con su sola
presencia
(Zizek, ídem., 211)
Esta referencia de Zizek no es gratuita. Una parte importante de la
actividad en las redes es cómo se hace un producto. Es inclusive una da las
disputas entre nuestros sujetos: subir el proceso o subir el resultado. Inclusive
nos encontramos casos como el de Aroa (maquillaje, 20 años), quien no se atreve
a subir los procesos porque no cree que tenga el nivel para dar clases a nadie.
Otro caso interesante es el de JoJo, quien no sube el proceso porque no lo
considera en sí una obra.
Al igual que hemos hablado de la creación de un nuevo perfil, es importante
hablar de como los contenidos se van refinando. No se sube el mismo contenido e
incluso se explicita la idea de proyecto en el perfil. Un buen ejemplo es la
publicación de Aroa:
Pantallazo tomado el 28 de mayo de 2020
No obstante, recuperando el último caso del apartado anterior,
sobre Mitus, vemos que la profesionalización del sujeto no queda reflejada en
la superposición de usos en la red que en ocasiones llega implicar la escisión de una cuenta a otra. En
este caso concreto vemos cómo al profesionalización ha quedado registrada en
otra red social, en Facebook:
también he estado últimamente
subiendo cosas relacionadas con el arte…
En su caso se
suma también que ya tuviera una página web propia y profesional con todas las
indicaciones de contacto y con una surtida galería de imágenes con sus
respectivas descripciones. Mitus destaca como este último aspecto es uno de los
que más se hace notar entre Instagram y una Pagina Web como salto de calidad.
Pues en el fondo, Instagram también ofrece esa imagen de una galería donde uno
puede ir adjuntando descripciones a las publicaciones, pero el límite, y en
especial el tipo de usuario no es el mismo que el que recurre a la página web.
Así un mismo
contenido se adapta para diferentes plataformas. Y en muchas ocasiones el
trabajo en múltiples plataformas es obligatorio para conseguir llegar al máximo
de público posible.
Educación y redes sociales:
Uno de los
aspectos donde esperábamos ver una mayor desigualdad era o bien en el nivel
económico de los usuarios o bien en su género.
En cuanto al género
no he encontrado diferencias nutrias y eso que conté con 3 entrevistadas de la misma
edad aproximadamente (Kolde, Aroa y JoJo). Ello es probable que quede para
revisar con estudios más amplios y que contrasten mejor al condiciones de uso
de las redes sociales según el género.
Por otro lado,
de mis interlocutores lo que encontraba era una mejor o peor articulación de discurso
dependiendo su clase social, sin embargo
en los usos me costó mucho encontrarlo. No obstante, hubo algo que a raíz de hablar
con Oscar me asaltó en más de una ocasión, para ser concretos en los casos de
Aroa y JoJo.
Oscar me explicaba
que la relación que tiene con la Universidad es algo desafortunada, ya que
ellos se han de encargar de suplir tareas que la universidad no realiza. Así
las redes sociales forman parte de un proyecto que busca cubrir una carencia de
su universidad en el ámbito de creación de liricas musicales. Pero a su vez me
pregunté, ¿Qué le ofrece la universidad para ese proyecto?: aulas, instrumentos
y medios de grabación. No parece poco en el sector de la música, donde grabar
de forma profesional puede ser muy costoso por solo empezar con unos buenos instrumentos.
Otro caso es
el de JoJo. Si bien el centro donde estudió teatro no puso a su disposición
tantos recursos, sí que les empezaron
dar algunas señales de como usar adecuadamente las redes sociales. En concreto,
ella comentaba que al tema de etiquetar en las publicaciones a personas o
empresas no le había dado importancia, hasta que le insistieron mucho en
teatro.
Un caso intermedio entre JoJo y Oscar es el de Aroa. Ella estudió
un ciclo de maquillaje y caracterización:
Nos dijeron que la forma más
rápida de darnos a conocer, o como vendernos eran las redes sociales
[…]
Y era para que la gente viera
lo que yo estaba haciendo. Yo tampoco estaba trabajando como tal. Aprovechaba,
iba a clase, hacía el maquillaje, hacía la foto y al subía.
En este caso
vemos que se dieron ciertas instrucciones de como usar las redes sociales, y a su
vez se dio en un inicio recursos para subir contenido a dichas redes. Ella también
nos comentaba que la academia resubía tus trabajos si la etiquetabas.
En este
sentido vemos como las instituciones educativas juegan un papel fundamental en
el desarrollo de los usos de estos nuevo medios, “instituciones digitales” como
las llaman Gordo et al. (ídem.).
No obstante
vemos que se reproduce la desigualdad existente entre ellos. En el primer caso
(llamémoslo A) la institución no solo da medios infraestructurales, también da
formación en branding (publicidad). En el 2º caso (llamémoslo B) la situación
es muy diferente de la del caso A. A ella no le dieron material que compartir,
ni infraestructuras, al igual que tampoco le dieron muchas instrucciones cómo
emplear estos medios. El último caso (llamémoslo C), tiene un situación intermedia,
donde hubo una mayor participación de la institución con sus alumnos, dando
algunas indicaciones, aunque pocas, y promocionando su trabajo.
Lo que más
sorprende es que el caso A sea el que más reclama las carencias de su sistema
educativo. Omitió directamente todo lo que sí que le ofrecía la universidad.
Los casos B y C, sin embargo, valoraban parte de esa formación si bien la reconocían
como escasa.
En el caso A
creo que hay otro aspecto a destacar y
es un conflicto interno entre estudiantes. Oscar comentaba que en este tipo de
universidades con tanto estudiante extranjero, este suele ser de clase beienestante
y no suele tomarse muy en serio los estudios, ni las infraestructuras que pone
a disposición del alumnado la universidad.
En este
sentido, lo que creo que es más interesante es que son justamente los jóvenes
de clase media los que suelen empelar de forma más consciente las redes sociales
para promocionar su trabajo. Los que están por encima suelen hacer un uso más
despreocupado y restrictivo de las redes sociales en cuenta a la cantidad de redes en las que trabajan o
el material que comparten. Por debajo el uso suele estar mucho menos planificado.
Lo cual cuadra con los perfiles que plantean Gordo et al (ídem., 97-123). Cabe
destacar que esto son unas meras indicaciones, pues nuestra muestra está lejos
de poder reflejar con precisión datos tan complejos.
Conclusiones
Hasta el monto
de la investigación hemos podido ver como el posteo en Instagram no responde a
un mera aleatoriedad. Hay usos concretos y circunscritos a las circunstancias
de cada usuario entorno dichos usos.
En este último
caso sobre la desigualdad de usos, por ejemplo el estudio o no de branding en
la universidad supone un salto categorial en al profesionalización del perfil
de Instagram, pero a su vez vemos que estas estrategias educativas no son
monadas; vemos que en ciertos países se está dando mucha importancia a estas
cuestiones, o a un cierto tipo de educación[33].
Así Oscar no dejaba de enmarcar esta estrategia de dar “manga ancha” a los
estudiantes con las redes sociales con un trabajo que dicha institución deja de
hacer.
Po rotor lado,
la idea de la generación de recuerdos, nos deja obligatoriamente la puerta abierta
a las formas de la memoria y como esta se toma en el medio digital. El uso de
las redes sociales como medios de comunicación de los recuerdos, y que se deja
fuera. Por ejemplo, en el perfil de Soker encontramos varias imágenes de él
participando en batallas de gallos.
Otro aspecto
de gran relevancia, pero que aquí no hemos podido tratar, es el del uso de los
nuevos lenguajes. Los emoticonos o los # (Bernard, 2019) ocupan la primera
plana de la vida en internet, hasta tal punto que llegan ser sinónimos de este concepto:
vemos ciertos símbolos y ya comprendemos de inmediato la referencia.
Imagen
tomada el 6 de febrero de 2020
Un buen
ejemplo es esta imagen. Un escaparate de ropa íntima, con motivo de la campaña
de San Valentín (14 de febrero), estaba cubierto de recortables en forma de
cuadros de dialogo en cuyo interior habían varios (3) corazones concéntricos.
Lo más interesante de todo es que este simbolito se asocia de inmediato con el
formato que tiene los avisos de “megusta” en Instagram. Vemos una cierta
“cultura visual”, una asociación de términos que sale del medio.
Aviso
de que un usuario ha recibido un megusta en Instagram. Captura de pantalla del
6 de febrero de 2020.
Esta
construcción del hábito, esta interacción entre “entornos”, es algo importante
a tener en cuenta en trabajos de este estilo. En ese sentido, una herramienta
como los storie encuentran su razón de ser en lo que nos explican Pink et al
citando a Goffman (1963, 17 en Pink et al., 2019, 106):
la cercanía es importante para
crear lo que él [Goffman] denominaba las plenas condiciones de coopresnecia”,
donde “las personas deben sentir que están lo bastante cerca para ser
percibidas en todo lo que hagan, incluida su experiencia de los demás, y lo
bastante cerca para ser percibidas en esta sensación de ser percibidas”
Plan de trabajo
Cómo me
planteo proseguir con esta investigación:
-
Terminar de revisar todas la
referencias que ya hemos ido presentado a lo largo de estas páginas, al igual
que ampliar otras.
-
Reelaborar un par de
entrevista
-
Añadir los datos estadísticos
de las encuestas que podemos pasar durante el verano
-
Hacer sesiones sobre cómo se
usa el teléfono, como se accede a las redes y otros aspectos
-
Ir contrastando la evolución
de los diversos perfiles e ir actualizando la información con los sujetos.
-
Ampliar el estudio del ámbito
lingüístico con respecto a los emoticonos y el #
Lo importante
sería en el próximo mes poder realizar pruebas de la llamada antropología
fenomenológica y poder hacer algunos intentos de “fichas” de los dispositivos
móviles desde los que se accede a los dispositivos.
También me
gustaría poder ir haciendo entrevista durante el verano para así ir avanzando
trabajo.
Creo que sería
interesante estudiar más cuestiones técnicas sobre cómo funciona Instagram, sus
algoritmos, su coordinación con otras app y otros aspectos.
Como un marco
más amplio me parece que la antropología permite centrarse en las operaciones,
las interacciones física de los sujetos con sus objetos; esto la hace, como
disciplina, más original que al sociología. Creo que es importante ir
desarrollando esta cuestión, tanto desde la revisión teórica como desde el
propio trabajo de campo intentando demostrar que este enfoque que he estado
encontrando en la última fase de esta breve investigación tiene su fuerza, en
especial si la relacionamos con algo de tanto interés como es la introducción
en el mercado laboral por parte de jóvenes y adolescentes.
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Anexos:
Anexo 1.
Modelo de encuesta sobre los usos de jóvenes artistas en Instagram.
a) Características
sociodemográficas:
1.- Edad
Sexo
Lugar de residencia
Estudios máximos cursados
Trabajas en el mismo ámbito que te
promocionas en Instagram?
b) Producción
artística:
1.- Tienes
una cuenta enfocada a tu producción artística específicamente?
2.- Desde cuándo/cuánto
tiempo hace?
3.- En qué
áreas “artísticas” te muestras en la red social?
- dibujo
- pintura
- música
- tatuaje
- otros
4.- Qué
soportes usas para publicar en esta red:
PC
Portátil
Smartphone
Tableta
Otros: a describrir
5.- Si usas
más de uno, cual es la proporción de uso entre ellos del 1 al 10.
a.
PC
b.
Portátil
c.
Smartphone
d.
Tableta
6.- En qué
formatos publicas:
Storie
Post
IGTV
Directo
7.- Si
usas más de uno, cuál crees que es la proporción de cada cual:
Storie
Post
IGTV
Directo
8.-
Escribe un uso preferente para cada formato de publicación:
Storie
Post
IGTV
Directo
9.- Usas la opción de “destacar” los tories en tu
perfil?
10.- Usas
la opción de mejores amigos en los stories?
c) Uso de
Instagram:
1.- Desde
cuando tienes Instagram?
2.- Desde
cuando utilizas Instagram como medio de promoción?
3.- Es la
única plataforma que empleas para promocionar tu trabajo? Qué otras?
4.- Qué
elemento hay en la descripción de tu perfil:
Fecha de Nacimiento
Ubicación
Área de trabajo
Página web
Etiqueto la institución con la que
participo
Etiqueto mi cuenta personal
Etiqueto otras cuentas
#
Cuestiones religiosas (iglesia,
zodíaco, etc.)
Otros: [a describir]
5.- Qué
“modo” es tu cuenta:
Pública
Profesional
Privada
6.- Sigue alguna
estructura tu perfil de Instagram?
Colores
Numero de publicaciones
Género de la publicación (música,
dibujo, etc.)
Tipo de publicación
(animado/inanimado)
Elaboración de un mosaico
Otro: [a
describir]
7.- Usas # para buscar temas
que te interesan?
8.- Cuáles
de estas herramientas usas:
Etiquetado en el post
#
Mención en el pie del post
Otro: [a describir]
9.- La
descripción de un perfil cuan importante te parece
- Fundamental
- Mucho
- Bastante
- Poco
- Irrelevante
d) Valoración
o percepción del uso:
1.- Qué
factor te haría dejar de usar Instagram:
El surgimiento de otro medio
Conseguir una estabilidad económica
No conseguir profesionalizar mi
producción
Un escándalo, en relación a mi
cuenta, en la red (que no trasciende este ámbito).
Un paso determinado de años que
tengas planeados:
Otros
2.- Cuán
importante es que te etiqueten una publicación donde apareces?
- Fundamental
- Mucho
- Bastante
- Poco
- Irrelevante
3.- Cuán
importante es que te etiqueten en una publicación donde aparece tu
Trabajo?
- Fundamental
- Mucho
- Bastante
- Poco
- Irrelevante
|
Valora cuan de acuerdo estas con
las siguientes afirmaciones: |
De acuerdo |
Bastante de acurdo |
Poco de acuerdo |
Nada de acuerdo |
|
Los #
son importantes para la promoción de mi contenido |
|
|
|
|
|
Los #son
importantes para la descripción de mi contenido |
|
|
|
|
|
Mantener
un ritmo de publicaciones es importante |
|
|
|
|
|
Mantengo
un ritmo de publicaciones |
|
|
|
|
|
Las
ubicaciones que se introducen en la descripción del perfil; Son
descriptivas con respecto a
la localización donde se realiza el trabajo |
|
|
|
|
Anexo 2.
Autorretrato (diciembre de 2019) que muestra la aplicación de un software
facial en Instagram.
Anexo 3.
Fichas de usuarios. En este caso, Zeiner.
Anexo 4. Notas
registrando la actividad en stories de los sujetos.
[1] Convertirlo en un
objeto irradiante per se y no como
resultante de unas operaciones en el campo.
[2] En este sentido la
lectura en verano de 2019 del libro Cultura
y compromiso de Margaret Mead ([1970]2019, 41) fue relevante al encontrar
la expresión “forma de vida” en sus páginas, al momento de referirse a la
organización de las “culturas postfigurativas”.
[3] Parte de lo expuesto en
este apartado fu entono a lo que giró mi participación en el COCA 2020. Esa
charla, junto a una descripción de la misma y un link al PowerPoint
(recomendable para ver muestras que aquí no trataremos) que se usó, se pueden
encontrar en Llinares, 2020.
[4] Y esto solo tomando un
capítulo de un libro. Sin embargo en otras obras dedicó más páginas a la
cuestión. De igual modo, tampoco contamos artículos que han resultado de
interés para otros antropólogos y que hemos podido ver reutilizados para sus
usos concretos en el marco de la obra de turno.
[5] Algo importante a
destacar de esta dedición es que apenas se realizó unos meses después de que
apareciera el título en inglés. Lo cual indica que alguien desde la editorial
de la UOC tuvo un buen ojo al momento de confeccionar el catalogo. No obstante,
pese a que la universidad se oriente a las cuestiones digitales y Elisenda
Ardèvol sea una pionera en esta cuestión, en España, no hay títulos
explícitamente relacionados con el tema.
[6] En Gordo, et al (2018,
40-46) de una muestra sobre otros usos a estos análisis a gran escala. En este
caso se analiza en twitter la presencia del discursos más apocalíptico y el más
integrado con respecto a los nuevos medios.
[7] Otra autora cuyo
trabajo queda por leer, y aprovecho ahora para mencionar, es la Maria J. Buixó
(2017), quien nos recomendó Manuel Delgado.
[8] Nótese como puede
resonar el artículo de G. Bueno de 2012, que hemos puesto antes de ejemplo de
su obra, titulado “La ceremonia del diseño”.
[9] Ver: <<https://eardevol.wordpress.com/>>
[10] Compartí los primeros
videos en YouTube. Un buen ejemplo es el grabado el 15 de diciembre de 2019:
<<https://www.youtube.com/watch?v=rKYvWIiBpX0>>.
[11] Esto por ejemplo lo
hice en tres ocasiones. La que me gustaría poner de ejemplo son los 3 stories
(45 segundos) que dedicó al cantante española
Rosalía a agradecer a sus seguidores el haber llegado a los 10 millones
de seguidores en su perfil de Instagram. Puede verse en: <<https://www.youtube.com/watch?v=v53XIh6DzRI>>
[12] En este sentido lo
planteamos en contraste con otros libros más informales sobre “educación” o
“maneras”. Un buen ejemplo que encontramos fue el reciente libro de la princesa
Marie-Chantal de Grecia (2020) sobre maneras y
etiqueta en familia. En este libro (pp. 42-63) se dedica a dar
consejos sobre el empleo de los nuevos medios en la educación de los niños por
parte de la familia. Es de interés que opta por una educación que combine un
uso restringido y un acceso gradual a las nuevas tecnologías (en ocasiones tan
nuevas que sorprende que alguien se las pueda permitir [sistemas de realidad
aumentada, relojes inteligentes…]), combinado con usos analógicos, como la
escritura de cartas a mano. Esto último, curiosamente, en mi colegio,
concertado católico, también se nos imponía durante el verano. Esta estrategia,
no obstante, no sale de la nada, y como advierten Gordo et al (ídem., 149): “Lo importante ya no es el medio ni al exposición […]. Lo correcto y deseable ahora, en el mejor de los casos,
es acompañar a los/as más jóvenes en sus experiencias digitales”, sin embargo sobre este acompañamiento cabe
advertir (ídem., 116):
En no pocas ocasiones,
las diferencias apreciadas en las socialización digital de los jóvenes puede
deberse a la escasa alfabetización digital de sus padres/madres, lo cual
implica un contexto familiar menos propicio para proveer un acompañamiento
parental adecuado en la socialización digital de los más jóvenes
[13] Esto es una metáfora,
no una referencia velada a la teoría de redes de Latour (2008) o de Reynoso
(2012).
[14] Un buen ejemplo son
algunas fichas que elaboré de estos usuarios. Retratando su estado de uso de
las redes sociales (Anexo 3). También puede verse como intenté registrar su
actividad en internet en los stories
durante periodos concretos, los cuales resultaron inútiles al no haber
sistematizado dicho registro (Anexo 4). No obstante, esta última técnica es muy
útil cuando se trata de trabajar con un perfil concreto, así es una metodología
que sí que me fue de utilidad al analizar el perfil del @museodelprado
(Llinares, 2020c)
[15] Puede encontrarse en mi
canal de YouTube: << https://www.youtube.com/watch?v=pdcpDfjbRL8>>
[16] Disponible en mi blog
Llinares (2020b). Disponible en: <<https://arturllp.blogspot.com/2020/02/citate-y-citame-pero-citemonos.html>>
[17] Cosa que también he
estado trabajando recientemente, con el caso del Museo del prado y su cuenta de
Instagram (@museoparado) en Llinares (2020c).
[18] Para una introducción
amplia a la cuestión de la antropología del cuerpo véase le Breton (2019). La
cuestión del cuerpo ha quedado plasmado de igual modo en dos sentidos. Por un
lado, su modificación digital, por ej. Castro y Troncosos (2005); por otro lado,
se ha estudiado su noción de lo público y lo privado, en el sentido concreto
del cuerpo por ej. en Ardèvol y Gómez-Cruz (2012), y en un sentido más amplio
en referencia al “espacio público” por ej. Delgado (2002).
[19] Más técnicas de
trasplantación o conreo que de cestería, de creación de útiles para el trabajo
en el campo, construcción de canoas para el transporte, etc.
[20] No son pocos los que se
han preguntado en nuestra sociedad “¿Dónde ha ido la muerte?” (Eco, 2016,
249-252). Varios son los trabajos que han intentado dar respuesta a ello, es
una clásica muestra de ello el libro de Philipe Ariès ([1975]2000) Historia de la muerte en Occidente. En
el campo de las redes sociales esta duda también ha dado sus frutos. Dos buenos
ejemplos son el empleo del # en el artículo de Gibs et al. (2015) “#Funerals and Instagram: Death,
Social media and Platform vernacular”, y otro buen trabajo, aunque de marco más amplio, ya que se centra en la
vida preparto y la posmorten, anquen también emplee el # metodológicamente, es
el de Tama Leaver y Tim Highfield (2016) “Visualising Ends of de identity: Pre-Birth and
Post-Deeath on Instagram”. Como
entenderá el lector, este tema queda muy lejos de lo que concretamente ha dado
de sí nuestra muestra, y además tampoco era de nuestro interés este tema ni al
emprender el trabajo ni en su desarrollo.
[21] Quiero recordar que
tanto Mauss como Binford se me presentaron en un marco más amplio de mis
intereses por la Antropología, pero no iban necesariamente enfocados a este
estudio sobre Instagram en un pricipio.
[22] Este es en especial uno
de los motivos por los que hay una gélida ausencia del concepto reproducción en
mi trabajo. Intenté hacer un acercamiento amistoso para con Bourdieu (2011),
pero entre que su retórica de por sí me parece pomposa y que por lo general
esta dice menos de lo que habla, terminé por rendirme definitivamente. A esto
se suma una observación que hizo Gustavo Bueno (2018b) que nos advierte muy a
las claras de la necesidad de revisar el uso de este término, por lo general
difuso y, me atrevería a señalar, fetichizado:
La reproducción es un concepto industrial,
donde los granjeros reproducen, si pueden ser clónicos, las ovejas y los
caballos y el ganado para ajustarse a las demandas del mercado. Pero la
reproducción es una metáfora tomada de la cultura precisamente, no al revés. La
reproducción es, por ejemplo, la reproducción de una moneda a partir de un
molde que se establece, o del troquel. Y así la forma es el troquel y cada
moneda va reproduciendo, a ser posible, de un modo casi clónico, por lo menos a
la escala que interesa, pero siempre con características de cada moneda que
permitan que no se cuente dos o tres veces la misma moneda porque si no habría
comercio. Es decir, incluso en el caso más claro de la reproducción, hay una
reproducción crónica. Es imposible que hayan dos cosas idénticas.
[23] A modo de cometario, es
interesante señalar que se encuentre dentro de la colección “Taurus
Comunicación”.
[24] No obstante, el motivo
fundamental por el que miré hacia la sociología era por al inmensa dificultad
de encontrar algún trabajo que sintetizara los desarrollos de la antropología
entorno a la técnica y la tecnología.
Uno de los pocos que encontré es el citado de Gimean Perret. Me vale en este
punto contar lo siguiente. Mientras escribía esta memoria, al ir a añadir al
referenciad el citado artículo, no encontraba ni al fecha ni el volumen de la
revista, así que le escribí un correo directamente a la atora. Ella muy
amablemente me dio la información y me indicó que ese artículo surgió a partir
de sus intereses en torno a la cuestión de cara a su tesis doctoral (Perret,
2012). La he revisado y en sus dos primeros capítulos (pp. 34-85) dedica sendas
páginas esta cuestión. Ella misma me
confirmaba vía correo, al comentarle yo que había visto esta parte de su
trabajo, que era muy difícil de encontrar una síntesis sistemática y bien
elaborada sobre la cuestión. Sin duda, estos capítulos de su tesis doctoral
serán una opípara antesala a la lectura pormenorizada y de primera mano de
otros autores.
[25] Reynoso (2012)
desprende críticas similares sobre la aplicación de la teoría del actor-red de
Latour.
[26] Conste que en este
trabajo no dudamos de las capacidades de teóricos como Manuel Castells, así su
observación en Comunicación y poder
sobre las orientación multimodal de las redes de comunicación a partir de al
digitalización la hemos hecho nuestra. Pero ahí mismo se hace evidente que, por
ejemplo, no toca algoritmo de búsqueda a partir de lo # y se queda, pro muy
interesantes que sean, en análisis clásicos del poder económico de medios de
comunicación y lobbies informáticos (por ej. p 115, 117 y 291) o estudios
estadísticos sobre representación política. los cuales, sin lugar duda tiene su
importancia, pero no creemos que podamos decir lo mismo de cara a la
antropología.
[27] En este sentido,
Manovich (ídem., 21) dice:
Conviene destacar que
la categoría software de medios es un
subgrupo de la categoría software de
aplicaciones, a su vez, esta es un
subgrupo de categorías software (que,
a mi juicio, engloba no tan solo el software de aplicaciones, el software de
sistemas y las herramientas de programación informática, sino también los
servicios y las tecnologías de las redes sociales).
Igual, como él advierte, es una idea que únicamente atañe a su opinión.
Pero como mínimo, y para empezar, es una opinión experta, tanto desde la teoría
(es uno de los teóricos más reputados en su campo) como desde la práctica (ha
trabajado en importantísimos centros de animación y programación, como Pixar).
[28] La organización en
guiones es mía.
[29] Un libro que sí que
hace una propuesta para retomar la idea de “lo humano” desde un nociones
diferentes es el trabajo de Danowski y Viveiros de Castro (2019) desde el que
ha sido llamado “perspectivismo amerindio” y el cual, estemos en mayor o menor
acuerdo, tiene mayores fundamentos
antropológicos. Si bien, y resumidamente, es el mejor y máximo exponente de lo
que G. Bueno (1987, 26-36) llamó “ilusión etnológica” :
La “ilusión
etnológica” se lleva a cabo, o bien negativamente[Malinowsky] –por la
identificación intencional con las culturas concebidas como exteriores a la
nuestra- o bien positivamente, por una suerte de interiorización de esas formas
lejanas y primitivas en el seno de nuestra misma civilización, de tal suerte
que sean las propias formaciones bárbaras las que, de algún modo, logren ser
identificadas en nuestro propio campo [Levi-Strauss
o J. Poirier]: no será ya preciso
ni siquiera salir de Francia para disponerse al descubrimiento del “buen
salvaje”.
(Ídem., 31)
Los nombres entre corchetes son los que el propio autor pone como ejemplos,
pero lo hace en el siguiente párrafo en el texto original. Sin lugar a dudas una obra que es el mejor ejemplo de
este segundo grupo es el grueso volumen dirigido por Bourdieu (1999) La miseria del mundo. De momento, mi
trabajo, no me atrevo a clasificarlo.
[30] Esta es la única
universidad del mundo con un master especializado en “Digital anthropology”
<<https://www.ucl.ac.uk/anthropology/study/graduate-taught/digital-anthropology-msc>>.
[31] La comparación entre
sociedades de la inversión de tiempos en sus respectivas actividades
productoras y de mantenimiento ha ocupado muchas disputas. Uno de los mejores
ejemplos del uso indiscriminado de este “barómetro” se encuentra en el clásico
texto de M. Sahlins (1977) “La opulenta sociedad primitiva”. Se puede ver una
concisa respuesta en Valdés del Toro (1977, 32-34).
[32] Esta expresión no se
instala desde la telefonía inteligente. Es un préstamo del conocido como
“impresión de pantalla” de los PC. EN la mayoría de teclados hay una tecla en
el margen superior derecho con esta opción.
[33] Vemos que en España una
editorial que sin duda ha dado un papel fundamental a estas nuevas tecnologías
es la Editorial Deusto, la cual colabora con el thinktank Instituto Juan de
Mariana. Estas dos instituciones son de corte neoliberal.
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